poesía

Soneto de la estrige

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Me han hecho algún rasguño en la armadura.
Por él brota mi sangre pestilente
y flotando en sus charcos hay serpientes
pringosas del veneno que me inunda.

El hedor que desprendo es nauseabundo,
mujer sin atributos de persona,
que de forma salvaje te abandona
pero impide que goces en el mundo

Me quito la coraza que me entraña,
soltando mi egoísmo de seis patas
dispuesto a entrelazar la telaraña.

Mi crueldad por tu vida se desata.
Y si piensas que a la tristeza engañas,
mi afilado cuchillo te remata.

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