poesía

Mi pueblo 

Mi pueblo aún huele a infancia.

Me raspo las rodillas

al caer en la nostalgia de sus calles

con un derrape de mi vida adulta.

Me pongo mercromina

para que no se infecte de tristeza.

Y florece una costra

naranja fosforito

brillando en mi surtido de morriñas.

.
Mi pueblo aún tiene abrazos.

Abrazos de diez años, de quince, de cuarenta…

La vida se revive en esos niños

que corren y que juegan

con nuestros mismos ojos

y nuestras mismas huellas.

Seguimos aprendiendo la vida en sus aceras.

A veces hace falta buscar entre lo antiguo

para encontrar la casa

que siempre estuvo cerca.

.
Me conozco en sus plazas.

Recuerdo cómo fui:

ingenua, fiel, alegre, callejera…

Todo lo que soñé, lo que quería,

a lo que renuncié…

Todo aparece.

Los rincones me miran con mis ojos de ayer.

Me juzgan.

Y me encuentran.

.
Mi pueblo soy yo misma.

Y todo lo que soy surgió de aquella

que creció bajo un cielo de verano

pletórico de estrellas.

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