poesía

De niña 

De niña me encantaban los tacones.

Mi disfraz preferido,

un traje de princesa.

Escondía calcetines bajo la camiseta

simulando unos pechos imposibles

en mi cuerpo pequeño.

De niña suponía la vida de colores.

Quise ser guardia urbana,

timonear los rebaños de autobuses rugiendo

en pos de mi silbato.

Quise ser bailarina

pero mis pies no eran muy obedientes.

Aún no sentía vergüenza

cuando movía mi cuerpo.

De niña me gustaban los espárragos blancos.

Tenía un abrigo rojo

con un bolsillo mágico

en el que siempre había caramelos resecos.

Ya entonces me tentaban las cajas

y las puertas

y los huecos oscuros con el fondo invisible.

Juagaba a imaginarme abriendo pasadizos.

Encontraba tesoros

de plástico brillante.

De niña no quería tener pelo rizado.

Ni los dientes tan grandes.

Ni la tripa blandita.

No sé si me quería. Lo normal, imagino.

Tarde bastantes años en sentirme bonita.

De niña me gustaba escribir y la poesía

saltaba sin pensarlo

del lápiz a las hojas.

Leía por los rincones

descubriendo otros mundos,

descubriéndome a mí a través de otras vidas.

De niña era callada.

De niña era miedosa.

Fui aprendiendo una voz y armando mis temores.

De niña era capaz.

De niña era preciosa.

Pero eso lo sé ahora, con catorce mil soles.

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