poesía

Engendro

Reposo en la maraña que componemos juntos

cada uno con sus hilos,

sus pelusas,

sus espinas traslúcidas que hieren

al rozarnos la piel,

en ocasiones.

Zurcimos con paciencia un luminoso engendro

y nos mira con los ojos de nácar.

Lo llamamos hogar.

Lo llamamos amor y descansamos

en su bello desorden sobrepuesto

para indultar al polvo en las costuras.

En las manos trajimos

lágrimas de cristal de otros salones,

deslucidos colgantes en el cuello.

Trozos de piel sin curtir

y las suelas raídas

nos filtraban el agua hasta los ojos.

Así fue nuestra urdimbre.

Sobre ella nos trenzamos.

Una secreta fecundidad deforme

que íntimamente ovillan nuestros dedos,

nos abriga la voz y nos da plumas

para que nos alcemos henchidos sobre el blanco.

Y con su sangre, indómito pigmento,

le vamos dando vida a las palabras.

“shiny fluff” by Mark Chandleris licensed underCC BY 2.0

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